miércoles, 21 de junio de 2017

Sopor en el Hemiciclo


Una Moción de Censura se puede perder por votos o lo puede perder el candidato por una mala administración del tiempo, sus recursos, su discurso, estrategia o por el liderazgo de la bancada siniestra. Desde la tribuna es donde se puede y se debe convencer pero hacerlo desde un escaño, una vez ha terminado el tiempo de palabra, mirando a su grupo, ahí y solo ahí solo llegaran aplausos dirigidos a quien es el jefe de la clack. Pablo Iglesias Turrión además como macho alfa se embarcó en las turbulentas aguas bravas de una figura constitucional para censurar a Rajoy sin equipo ni casco y con una copiloto alterada y con ariete a la que le hacen falta muchas tardes de hervor parlamentario. El Congreso de los Diputados está perdiendo una de las principales características de sus señorías, el saber hablar en público, la falta de argumentos lo sustituimos con el aderezo faltón, el perejil de todas las salas es señalar a los escaños contrarios con el dedo índice mientras verbalmente se acusa y el sofrito lo añaden los que se necesitan mientras cantan “sin ti no soy nada”. Cero señorías. Hernández Mancha perdió frente a González pero ganó a Suarez y abrió la puerta de la casa de la derecha a todos aquellos que deambulaban sin pastor y depositaban el voto donde no debían. Antonio Hernández de gran formación fue un extraordinario comunicador, un hombre íntegro y con ideales que fue despeñado por los suyos. Así sigue funcionando la derecha. ¡Y atención! a la labor callada pero constante de la diputada del sur más al sur de España, Ana Oramas. El verbo, compostura y responsabilidad de la representante de Coalición Canaria prometen grandes momentos en la Cámara de lo que significa ser diputada frente a quienes solo pulsan un botón y creen que ser parlamentario es hablar en despachos y pasillos, olvidando que tienen que hacer preguntas en pleno y comisiones. El portavoz socialista, Ábalos, no llega aunque habrá que estar expectante si su poso comunista le puede jugar malas pasadas. Alberto Rivera tiene que recuperar el espacio que el mismo está perdiendo y con un electorado que puede hacer engordar a la abstención o al voto en blanco. De Tarda, está demorándose demasiado su partido en darle una merecida jubilación y hacer que salte ese chico fresco, que se apellida Rufián y que parece el último que llego al Saloon de la vieja España por la forma en la que mira a los demás forasteros. Los otros secesionistas, más de lo mismo, mucho ombligo donde mirarse y esa aldea donde recluirse antes que conocer mundo pero como ocio no para difundir “su proyecto”, que nadie les sigue. Rafael Hernando, como portavoz, sigue sin encontrar su espacio con la configuración de escaños que los españoles nos hemos dado. Sus momentos broncos le pierden y eso le aleja de ser recordado como el portavoz que un partido de gobierno necesita en esta hora de España. Con todo lo que vimos por la tele no es de extrañar la postura de la presidenta de la Cámara, Ana Pastor, que una vez más cortó lo que sobraba y dejará mejor recuerdo. Bostezos, citas en Casa Manolo y poesía, la que leía Méndez de Vigo mientras “lo tuyo es puro teatro”
Ángel  Gil             

sábado, 10 de junio de 2017

En los perfiles del alma


Antonio Gutiérrez, pregonero de Pentecostés, trasmitió como pocos y desde la emoción, cuando en este Mayo nos trajo a la Señora, las marismas o el rio Quema, a esta Melilla de ida y vuelta que cruza el Charco y se llena de polvo, que canta y reza, llora y ríe con la fe callada de quien es rociero. De los que no hablan con nadie, de aquellos que desde chicos y con los aires de Cádiz aprendieron a una Virgen a llamarla madre. Gutiérrez desnudó su alma para cantar una pena que le dolía por dentro, que se llamaba Esperanza y que ya no aguardaba en balde. Pudo haberse quedado en lo oído o en el postureo de las modas pero en cambió nos brindó, como parte de la Iglesia, que “el camino” no es mera expresión cultural, ni filantropía ni superstición, es vida, fe, fraternidad y salvación. Esto se vive en la Hermandad del Rocío de Melilla que llega a la Aldea con la fe intacta. Esta Ciudad del “sur mas sur de España, es siempre joven, recia y dura, generosa y amable, tierra de espera y silencio, universal y única”, “tiene fe pura, sencilla, hospitalaria, galana, tan nuestra, tan de nosotros, que al caer la tarde, con una elegancia plena, con un señorío y unas ganas que se convierte en un mar de albores y de esperanzas”. Desde un ambón, hecho tribuna pública, pidió a los hermanos que reciten a quien “es reina de aguas y tierras, del corazón, de las almas, de alegrías y gozos o a ese Pastorcillo que nos mira o arrebata, porque saben que Melilla, te quiere con “toa” su alma”. Cuando por Semana Santa pronunciaba Antonio Gutiérrez su conferencia “El gran poder de Dios” insistía que los brazos abiertos rompan con un ambiente cerrado o que la caridad sea el centro de nuestra vida, dos puntos que de nuevo aparecieron en el Pregón. Puertas abiertas a todos sin distinción ni exclusiones injustas es una parte esencial del cristianismo que hay que poner en práctica a diario. El Rocío no es solo el camino hasta llegar a Almonte es un sí categórico e ilusionado, la levadura de cada uno, el afán, el compartir, el sacrificio, el rezo, la alegría, el júbilo o la unidad con nuestros hermanos. Tuvo tiempo para describir como son los momentos previos a la partida hacia la Aldea como ansiosos, inquietos, febriles, devocionales y álgidos “que calma penas y que con mirar a la Madre todo está dicho y está hecho y se van quitando males” o su particular recuerdo para quienes ya partieron hacia las marismas del Cielo. Pero tal vez el momento de más emoción llegó cuando Antonio Gutiérrez fue relatando ese camino hecho por su hija mayor “en carreta con hermandades, con Sevilla, con Triana, con Gines, una hija pensando en su madre, que allí en Melilla, conmigo se queda y ya por las tardes, nos preguntamos los dos, ¿habrá salido la niña?, la niña que ya es muy grande. ¿Habrá cantado a los aires?. ¿Habrá rezado en el Quema?. Tanto amor en el silencio, del salón a media tarde”
Ángel  Gil